No se salva nadie…

Cuando el pacificador se cree el amo

Las denuncias de abusos salpican a ‘cascos azules’ y personal de ONG – A pesar de los controles, algunos sacan provecho en el caos

Detrás de una historia de cooperantes y cascos azules no sólo hay eso, cooperación y búsqueda de paz. Hay personas que arrastran su origen, su tradición, su sentido (o falta) de ética, su dinero y unas costumbres que chocan con las del país de destino. Y, a veces, delincuentes que traspasan la barrera y sacan partido en el caos. Ni la ONU ni las ONG escapan de las denuncias de abuso sexual contra niños locales. La fórmula es demasiado sencilla: el poder de unas monedas más la sensación de impunidad.

Chica de 15 años. Haití: "Nos llamaron y nos enseñaron sus penes. Nos ofrecieron 100 gourdes (1,80 euros) y un poco de chocolate si los chupábamos". Tres chicos de 14 años. Costa de Marfil: "Trabajamos en un campo de las fuerzas de paz vendiendo esculturas y joyas. A veces nos pedían que les buscáramos chicas. Especialmente de nuestra edad. Con frecuencia eran entre 8 y 10 hombres que iban a compartir dos o tres muchachas. Hacemos esto porque obtenemos beneficios, como dinero, camisetas, relojes y zapatillas de deporte".

Detrás de estos dos relatos no hay nombres, sí hambre, conflictos armados y Estados reventados. Y una enorme dependencia de la ayuda internacional, militar y civil, que llega de la mano de enviados que a veces cometen abusos. En países donde el poder consiste en una tableta de chocolate, un par de huevos de gallina o un dólar en el bolsillo, no se suelen denunciar.

"No siempre es fácil manejar el estatus que adquieres", dice un médico español cooperante en Sierra Leona. "Llegas al país y tienes hasta jardinero. Si vas en un coche de la ONU o de una ONG la policía no te para jamás".

A los países que envían personal humanitario o soldados a zonas en estado de emergencia les preocupa la seguridad de sus nacionales. "Pero esa necesidad de proteger a todo el aparataje humanitario acrecienta la distancia con la población local: viven en complejos especiales rodeados de seguridad, a veces con toque de queda. Además, la desigualdad de salarios de los expatriados respecto a los locales, incluso dentro de la misma organización, es muy alta. Van a locales de ocio, restaurantes y lugares de los que el resto está excluido", comenta Itziar Ruiz-Giménez, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid. "La propia ONU ha vinculado el aumento de la prostitución a lugares donde hay una alta presencia de cascos azules. La actitud del que ayuda también es importante: tienen un escaso conocimiento del país al que van".

El reportaje sigue… pero lo dejo aquí. Creo que es suficiente…

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